viernes, 11 de julio de 2008

Molto Piacere, Diadora



Mercello Danieli, fundador de la reconocida marca de calzado e indumentaria deportiva Diadora, era apenas un niño en 1917, cuando en el noreste de Italia se desarrollaban eventos decisivos de la Primera Guerra Mundial. Danieli había nacido en el pueblo de Caerano di San Marco, en la provincia de Treviso, región del Veneto. Y fue justamente en las cercanías de esa pequeña comuna situada en medio de los montes Trevigiani donde las divisiones especialmente destacadas por el ejército italiano lograron detener el peligroso avance de las tropas austríacas, decididas éstas a penetrar en la península. En una situación tan crítica como aquella, los pobladores de la zona hacían lo imposible para que a sus soldados no les faltara nada de lo indispensable para poder soportar el combate en medio del frío y la nieve de los montes. Y, entre tantas otras cosas, lo que precisaban con desesperación aquellos italianos eran botas para la nieve.


Así fue que esta región del norte de Italia conoció el desarrollo de la industria del calzado de calidad para la montaña. Y Danieli, aquel niño que intentaba colaborar él también con lo que hiciera falta para rechazar a los austríacos en 1917, que había abandonado el colegio en cuanto aprendió lo indispensable únicamente para aprender el oficio de zapatero y poder así ayudar a su familia, que se había convertido en uno de los más hábiles artesanos de esa región ya reconocida en todo el país por la calidad de sus productos, debió soportar también –como tantos otros italianos- la más trágica, humillante y traumática de las derrotas en la Segunda Guerra.
Pero Danieli estaba a dispuesto a reponerse y a colaborar con la reconstrucción de su devastado país, para peor, políticamente dividido y al borde de la guerra civil entre el Norte y el Sur. Entonces, en 1948, Danieli no tuvo miedo de tomar la iniciativa, y así decidió fundar su propia empresa de calzado para montaña. Un amigo le sugirió un nombre que al decidido zapatero le encantó: Diadora. Sonora palabra que en griego significa “compartir honores y logros”, pero que en verdad llegó al italiano a través de la antigua voz latina utilizada para denominar a los habitantes de la ciudad dálmata de Zadar, en la actual Croacia. Además, Diadora era el nombre de una sociedad deportiva veneciana creada a principios del siglo XX, cuyo mayor logro fue haber contado con atletas ganadores del oro olímpico en los Juegos de París, en 1924.



Como con tantos otros ejemplos de marcas prestigiosas hoy mundialmente reconocidas, Diadora comenzó entonces su historia como una empresa familiar dirigida por su fundador. Danieli era de aquellos apasionados por su profesión que consiguen, gracias a su nivel de detalle y perfeccionismo, elevarla a la categoría de arte. La inigualable calidad de sus botas para montaña hizo que su taller prosperara y Diadora se volviera un nombre conocido en su especialidad en toda Italia.


Crecimiento e innovación


La década del ´60 fue la época del auge económico y de un espectacular aumento del consumo, luego de los duros años de la posguerra. Súbitamente, la difusión del esquí como sofisticado pasatiempo de las clases altas y medias-altas italianas hizo que la demanda de botas especiales para la disciplina subiera vertiginosamente. Y fue Diadora, naturalmente, quien mejor preparada estaba para satisfacer esa necesidad. Pese a que durante este período el taller de Diadora debió multiplicar su producción, Danieli siempre se encargó de que sus botas cumplieran con sus más estrictos parámetros de calidad: debían ser elegantes, cómodas, durables y rendidoras, sin excepción.


Hacia la segunda mitad de la década los métodos de producción de las botas de esquí fueron cambiados radicalmente con la introducción de los materiales plásticos. A pesar de que Danieli no rechazaba de plano la innovación tecnológica, prefirió abandonar la producción de botas de montaña, ya que no concebía otra manera de hacerlas que no fuera artesanalmente. Decidió entonces aplicar los avances de la técnica en el desarrollo de otro tipo de calzado. Así fue que aparecieron las primeras líneas de zapatillas Diadora para tiempo libre y, poco tiempo después, las primeras zapatillas de tenis de la marca. También, en 1966, se diseñó la primera versión del isologotipo de Diadora, cuyos cinco círculos formados con las letras de la marca remitían a los cinco anillos del emblema olímpico.


Los años 70 fueron los de la explosión definitiva de la industria del calzado y la indumentaria deportiva. Diadora prefirió demorar por algunos años más su entrada al mercado de la indumentaria y mantuvo su estrategia de centrarse en el desarrollo de nuevos modelos de zapatillas deportivas. Para ello, y también para difundir la marca y apoyar la comercialización, Diadora fue también pionera en el patrocinio individual a grandes figuras del deporte. Comenzó en el tenis, con campeones de la talla de Guillermo Vilas o Björn Borg, pero ya en el año 1977 hizo su entrada al mundo del fútbol firmando un contrato con el crack italiano Roberto Bettega. El temible delantero fue el primero en usar botines Diadora en una Copa del Mundo, en este caso, en Argentina ´78. El primero, además, de una larga lista de grandes jugadores patrocinados por la casa italiana en los años siguientes, entre los que podríamos destacar a Giancarlo Antognoni, Marco Tardelli, Antonio Cabrini, y a Zico, el astro brasileño que resultó fundamental para la difusión mundial de la marca al promocionar el modelo de botín “Brasil”, un clásico absoluto que ha sido constantemente mejorado y actualizado.


A partir de los años 80 Diadora intensificó su estrategia de invertir en investigación y tecnología como fundamento indispensable para la mejora de su calzado. Para ello, firmó un importante convenio de cooperación con el Centro de Bioingeniería de Milán, lo cual le ha servido a la marca para llevar la delantera en todo aquello relativo al diseño y la aplicación de nuevos materiales en la búsqueda constante de mejores rendimientos. Con este mismo fin –además, por supuesto, de la difusión publicitaria- Diadora se encargó de mantener entre su nómina de deportistas patrocinados a varios de los más destacados futbolistas de la escena mundial. Figuras de gran categoría como Marco Van Basten, George Weah, Roberto Baggio, John Barnes, Faustino Asprilla, Frank Rijkaard, Vincenzo Scifo, o los todavía vigentes Paolo Maldini, Francesco Totti, Álvaro Recoba y Cristian Vieri también han utilizado con gran éxito zapatos Diadora.


Cuando la casa italiana se decidió a entrar también en el mundo de la indumentaria, no podía permitirse que su jugada pasara desapercibida. Por ello decidió apostar fuerte y logró ser la proveedora oficial del seleccionado de Italia por muchas temporadas. De hecho, el diseño de la clásica e inconfundible maglia azzurra estuvo a cargo de Diadora en los Mundiales de México ´86, Italia ´90 y Estados Unidos ´94. Por aquellos años, la política llevada adelante por la Federación Italiana impedía que en la camiseta del seleccionado apareciera visible el logo de la empresa fabricante, lo cual quizás pudo haber resentido la difusión y la presencia de Diadora. Situación que obligó a aguzar el ingenio de agentes y publicistas para encontrar alguna forma de contrarrestar –aunque fuera sólo parcialmente- aquella importante limitación. Quizás alguno de ustedes, preparados para seguir por TV las alternativas de la final de la Copa del Mundo de 1994 se haya preguntado por qué extraña razón los jugadores de Italia salieron al campo de juego del Rose Bowl, soportando los rigores del inclemente sol de Los Ángeles vestidos con la campera del equipo de gimnasia Diadora. E incluso se dejaron puesta la campera durante la entonación de los himnos nacionales y hasta prácticamente el inicio mismo del partido. Bueno, es que para lucir logos en una campera, la Federación Italiana no había previsto restricciones de ningún tipo… Los integrantes del plantel italiano perdieron en definitiva aquella final frente a Brasil en la definición por penales, pero, de todos modos, algún premio extra se deben haber llevado. Y Diadora se dio el gusto de poder exhibir su logo en primer plano frente a las cámaras de televisión y para centenas de millones de espectadores.


En definitiva, a pesar de que Diadora ha sido a lo largo de su extensa y rica historia una marca dedicada principalmente a la producción de calzado, como amantes de las camisetas de fútbol no podemos dejar de destacar los innegables aportes y la notable presencia de la casa italiana en el mundo del fútbol en los últimos cuarenta años. Quizás con un reducido número de camisetas, puede ser. Pero con ese tipo de casacas que, invariablemente, se han vuelto clásicos indiscutibles. Hermosas camisetas, y de esas que pesan de verdad. Por historia y tradición.


Fuente: http://arteysport.blogspot.com/


Le Coq Sportif, tradición de calidad


Para encontrar los orígenes de Le Coq Sportif debemos remontarnos a la Francia de fines del siglo XIX. La región de Aubes era el centro principal de la industria de géneros de punto (sombreros, guantes, gorros, ropa interior), concentrando casi la mitad del total de la producción nacional. La ciudad de Troyes era a su vez el punto neurálgico regional de esta industria. Fue cerca de allí, en la pequeña aldea de Romilly-sur-Seine, donde la familia Camuset, encabezada por el “patriarca” don Emile, fundó un taller textil al que se llamó Romillone. Uno más entre tantos otros, seguramente, pero que con los años demostraría ser capaz de destacarse, y cómo.
La “historia oficial” de la empresa nos cuenta que lo que distinguió desde siempre al taller Romillone fue su compromiso inalterable con la calidad y la innovación. Una frase que ya hace rato que suena vacía de tanto repetirse en las gacetillas y las webs institucionales de cualquier empresa, ya sea que ésta fabrique nanotecnología o broches de madera. Pero que seguramente habrá tenido algo de cierto, porque el caso es que el taller supo crecer lentamente y superar contingencias tan tremendas como las dos guerras mundiales, que en Francia se hicieron sentir de la peor manera.
En todo caso, ya en la década de 1920 el taller Romillone tenía una reputación bien ganada, y a partir de allí los Camuset comenzaron a diversificarse. En los rústicos catálogos de aquellos años comenzaban a aparecer los primeros productos pensados para la actividad deportiva, por ejemplo, camisas de tenis. El primer impulso importante en este campo se da en 1936, con la aprobación en Francia de la ley de vacaciones pagas. Esto permitió que las clases medias, cada vez más numerosas y con mayor poder adquisitivo, incrementaran el tiempo dedicado a la actividad deportiva y la vida al aire libre. El taller Romillone pasó a producir y distribuir con éxito cada vez más prendas: polos, camisetas y jerseys (buzos) para diferentes deportes. Los nuevos catálogos incorporaron incluso una sección para los niños, que empezaban a conocer las primeras colonias de vacaciones.
Lo notable del taller de los Camuset fue que nunca se especializó en algún deporte en particular, siempre supo desarrollar productos para todo tipo de disciplinas. Su presencia en el fútbol, por ejemplo, cobró notoriedad en 1937 cuando el Olympique de Marsella ganó el campeonato francés utilizando vestimenta de Romillone. Pero las ventas continuaban aumentando en otros rubros, como el tenis, el básquet y el rugby. Hacia 1939 los Camuset fueron nuevamente pioneros al desarrollar un producto que tendría una demanda muy fuerte recién una década más tarde: las camperas y conjuntos de gimnasia de algodón forrado, una prenda que hoy ya es un ícono de la cultura popular.

Nace Le Coq Sportif

El concepto de “marca” comenzó a vislumbrarse en 1948. En ese año aparecieron las primeras prendas con etiquetas cosidas en su interior. El nombre “Le Coq Sportif” hizo su aparición en estas etiquetas, inicialmente con la cabeza de un gallo como adorno gráfico. En 1950 se registró oficialmente el nombre de la marca, y en la imagen el gallo ya aparecía de cuerpo entero, con un amanecer de fondo y enmarcado dentro de un triángulo. Además de ser ya una marca, Le Coq Sportif tenía un logo. No parecía algo tan importante entonces, pero en retrospectiva sí que lo fue.
En la década de 1950 el crecimiento de Le Coq se aceleró. Los catálogos eran ya en cuidadas ediciones en colores, y la empresa lograba aumentar cada vez más su presencia en los clubes, formando una verdadera red. Al importar nuevas máquinas de Inglaterra, los telares Komets, el taller pasó a especializarse en medias deportivas, logrando muy buenos niveles de ventas en sus modelos para fútbol, rugby y básquet. El modesto taller familiar de los inicios era ya toda una fábrica con nuevas oficinas, que empleaba a 50 personas.
En 1951 comenzó una relación con la organización del Tour de France, la cual resultaría muy fructífera para Le Coq Sportif, siendo el ciclismo en Europa un deporte extremadamente popular. Todos los equipos franceses vistieron indumentaria de la marca, si bien el logo todavía permanecía oculto en el lado interior del cuello. De todos modos, esta relación privilegiada le permitió a Le Coq ganar notoriedad entre el público gracias a las campañas publicitarias pautadas en los medios gráficos especializados. En los años siguientes la presencia del gallito en el mundo del ciclismo se haría cada vez más visible.
Pero Le Coq se mantenía activo en todos los frentes. En 1955 el seleccionado francés de fútbol jugó un partido en Rusia contra la Unión Soviética vistiendo por primera vez prendas de la marca, lo mismo que el Reims al ganar el campeonato de primera división de aquel año. Tampoco en estos casos podía identificarse a las camisetas con el logo. Hacia 1959 la marca ya era realmente importante en Francia, haciéndose presente en exposiciones de la industria como la del Salón de Versalles. Al año siguiente, Le Coq Sportif obtuvo el privilegio de vestir con sus nuevos conjuntos deportivos de telas sintéticas a todo el equipo olímpico galo que compitió en los Juegos de Roma, repitiendo cuatro años después en la competencia de Tokio. En la fábrica de la empresa trabajaban ya 137 personas.

Alianza estratégica y proyección internacional

La segunda mitad de los años 60 fue de importancia crítica para Le Coq. Por un lado, entre 1965 y 1968 se dio la evolución del logo, estilizando la figura del gallito, haciendo desaparecer el sol y manteniendo el triángulo distintivo, con lo cual el logo alcanzó su forma definitiva y más famosa. Por otro, la marca aumentó su presencia en los deportes más populares, vistiendo al equipo francés de Copa Davis, a los campeones del fútbol del Nantes y del Rennes, y logrando por primera vez que una camiseta llevara bordado el logo en el pecho del atleta: fue en el Tour de France de 1968 cuando aparecieron los maillots amarillos con el triángulo, los cuales resultarían ser un clásico absoluto, que ha llegado incluso a reeditarse en la actualidad con réplicas retro.
Pero fue en 1966 cuando sucedió el acontecimiento que cambiaría para siempre la historia de la marca. En aquel año, Le Coq Sportif conformó una alianza estratégica con Adidas, el por entonces aún embrionario gigante alemán. Si bien a la distancia esa elección nos puede resultar extremadamente temeraria (fácil de decir con el diario del lunes, por supuesto), era una decisión perfectamente lógica en su momento. Se trataba de aprovechar lo mejor de ambas marcas. Adidas tenía ya una respetable tradición en lo que hacía a la producción de calzado deportivo, pero aún era débil en el rubro textil. La asociación con Le Coq aparecía como complementaria.
Como suele suceder en estos casos, los primeros años fueron de un crecimiento espectacular para ambas marcas. Ya el mismo año de 1966 adoptaron estrategias comunes para lograr una presencia significativa en Europa, y juntas afrontaron el primer evento deportivo de importancia, el mundial de Inglaterra. Si bien únicamente el seleccionado francés uso indumentaria Le Coq, las socias aprovecharon la ocasión para presentar folletería y campañas publicitarias en común, siendo los botines Adidas los de mayor presencia.
Los años subsiguientes fueron vertiginosos. Le Coq propuso las acciones de marketing más novedosas, como la creación del Club Le Coq Sportif, una serie de eventos de relaciones públicas y presentaciones de productos que convocaba la presencia de famosos del ámbito del deporte y también del mundo del espectáculo y la farándula. A cargo de dichos eventos estaba el ex atleta Michel Jazy, varias veces campeón con el gallito. También fue Le Coq la primera marca deportiva en realizar campañas publicitarias en televisión.
En la década del 70 Adidas y Le Coq aparecieron hasta en la sopa. Todos usaban alguna de las dos marcas, más la primera que la segunda, para ser exactos. La ropa de Le Coq la vistieron en 1971 el Ajax de Johann Cruyff al ganar la Copa de Europa, en 1972 el boxeador Jean-Claude Bouttier al desafiar el título de Carlos Monzón, en 1976 el recordado Saint Etienne del entonces fachero Osvaldo Piazza al perder la final de Europa frente al Bayern München (que usaba Adidas, claro) y en 1977 el seleccionado francés de rugby con el logo ya visible en camiseta, pantalón y medias.

Hacia la primera mitad de la década del 80 la sociedad entre Le Coq y Adidas ya conformaba un verdadero imperio, presente en más de ochenta países. Gracias a la experiencia de Adidas, aparecieron los primeros modelos de calzado deportivo de Le Coq. Asimismo, la marca francesa conoció momentos de gloria acompañando al seleccionado de fútbol de Italia campeón en el mundial de España en 1982 (aunque Italia nunca usó logos visibles en su maglia hasta bien entrados los años 90), al carismático Yannick Noah en su triunfo de 1983 en Roland Garros y al seleccionado de fútbol de la Argentina, que de la mano de Diego Maradona obtuvo el campeonato mundial de 1986 en México. Le Coq Sportif se encontraba verdaderamente en la cumbre.

Fuente: http://arteysport.blogspot.com

jueves, 10 de julio de 2008

Las marcas pagan millones a sus estrellas pero vulneran los derechos de sus trabajadores


Mientras las marcas deportivas se preparan para mostrar sus mejores galas en el próximo Mundial de Fútbol de Alemania, muchos de los trabajadores que producen sus prendas en Asia no pueden cubrir sus necesidades básicas y sufren discriminación, despidos o violencia cuando intentan crear sindicatos o reivindicar sus derechos de manera colectiva, según desvela un informe de Intermón Oxfam.


El texto '¡Fuera de Juego! Derechos laborales y producción de ropa deportiva en Asia', resalta que, mientras los futbolistas de elite y otros deportistas profesionales están representados por las asociaciones de jugadores, la mayor parte de los trabajadores asiáticos que fabrican las prendas que visten no pueden reclamar aumentos salariales ni mejoras laborales de forma colectiva.
El 80% de estos trabajadores son mujeres provenientes de comunidades pobres, que en su mayoría sustentan a sus hijos y familia. Según el informe, ninguna de las grandes marcas deportivas está haciendo suficiente para solucionar este problema.


"En 2004 la Alianza Juega Limpio (que incluye a Oxfam Internacional, Campaña Ropa Limpia y sindicatos) retó a estas empresas a que mejoraran las condiciones laborales, pero lamentablemente poco ha cambiado. El derecho de los trabajadores a crear sindicatos es fundamental para lograr las grandes mejoras que se necesitan en las fábricas, pero muchas marcas siguen sin querer mover balón en este tema", afirma Isabel Tamarit, coordinadora del área de Responsabilidad Social Corporativa de Intermón Oxfam.


El informe, fruto de una investigación de un año a 12 marcas deportivas, desvela que Fila, una de las mayores empresas estadounidenses patrocinadoras del tenis mundial, ocupa el último puesto en la liga del respeto a los derechos sindicales, y ha sido incapaz de corregir los serios abusos laborales en su cadena de producción.


Uno de los casos recogidos en el estudio, revela que un proveedor de calzado deportivo de esta marca en Indonesia, con una terrible reputación de abusos laborales, cerró la fábrica súbitamente y sin previo aviso. Un año después ninguno de los 3.500 trabajadores había recibido los pagos atrasados ni indemnización por despido. Fila se niega a comentar su papel en este cierre ni a responsabilizarse por los trabajadores despedidos.
Un aumento de sueldo


"A menos que los trabajadores sean capaces de negociar de manera colectiva las mejoras de salarios y condiciones laborales, compañías como Fila seguirán repitiendo estos comportamientos intolerables", asegura Tamarit.
Según el informe de la ONG, Reebok es la que más ha hecho por respetar los derechos de los trabajadores de prendas deportivas en Asia, mientras que otras grandes firmas como Nike, Adidas, Puma y Asics, han hecho algunos avances. Sin embargo, la actuación de la industria deportiva en su conjunto sigue siendo muy pobre. Por ejemplo, un proveedor de Adidas en Indonesia despidió recientemente a 33 trabajadores sindicalistas que participaron en una huelga legal para reclamar un aumento de sueldo que les permitiera afrontar las dramáticas subidas del coste de vida en aquel país. La fábrica Panarub, cerca de Jakarta, produce las zapatillas deportivas 'Predator pulse' promocionadas por los jugadores del Real Madrid David Beckham, Zinedine Zidane y Raúl y las botas '+F50.6 Tunit' anunciadas por el holandés Arjen Robben, el alemán Kevin Kuranyi y el brasileño Ze Roberto.


Menos de cuatro euros al día


A pesar de las presiones ejercidas por diversos grupos, Adidas se ha negado a ayudar a estos trabajadores a recuperar sus puestos de trabajo. Mientras, Adidas paga 1,5 millones de euros al jugador francés Zidane por promocionar sus prendas deportivas, las trabajadoras de Panarub que producen las botas de fútbol y otras prendas deportivas tan sólo cobran 47 céntimos de euro a la hora, es decir menos de cuatro euros al día.
"El despido de estos trabajadores envía una señal muy equivocada a las marcas deportivas. Les dice que es aceptable discriminar a los trabajadores que pertenecen a un sindicato. En el pasado, Adidas mostró un liderazgo dentro de la industria y la compañía debería continuar por esa senda, asegurando que la fábrica readmite a esos trabajadores", añade Tamarit.
"La industria de la ropa deportiva representa una valiosa fuente de trabajo en Asia. Pero los consumidores y trabajadores tienen el derecho de confiar en que las marcas no exploten a las personas que fabrican los productos que consumen", concluye Tamarit.



jueves, 1 de mayo de 2008

Joma: Una de las mejores marcas mas recientes

Joma es una empresa española que se crea en 1965, donde sólo fabrica y distribuye calzado en general, ya en 1968 se especializa en el calzado deportivo y de tiempo libre. Tras unos años de éxito relativo, Joma se lanza al futbol, y en los años 1992, 1994 y 1998 es el lider en ventas de futbol del mercado nacional. Su sede central se encuentra en Toledo y cuenta con 15000 metros cuadrados de nave y 70000 de anexos. En 1999 es considerada la tercera marca (en España) después de Nike y Adidas del sector deportes y la primera en futbol.

Historia Umbro



UMBRO nace en Inglaterra en 1924, a partir de la iniciativa de los hnos Humphrey (humphrey brothers), UMBRO.
La empresa desde su fundación participa activamente de la historia del fútbol, a nivel mundial, patrocinando diversos atletas, clubes y selecciones. El espíritu de UMBRO se fundamenta en promover el ejercicio físico, especialmente en lo referente al Fútbol, por ello la marca tiene tanta incidencia en las grandes capitales de este deporte. Internacionalmente "UMBRO" es el patrocinador oficial de las selecciones de futbol de Inglaterra, Suecia, Noruega e Irlanda y viste a las súper estrellas Michael Owen, John Terry (Inglaterra) y Deco (Portugal).

La marca tiene presencia en 70 países, confirmando así la importancia su importancia e imponente categoría en el mundo.

LACOSTE, la marca deportiva mas fina del mundo.

La verdadera historia del "Cocodrilo" comienza en 1927. A René LACOSTE le gustaba contar cómo su sobrenombre se convirtió en un emblema de notoriedad mundial: 'La prensa americana me bautizó "El Cocodrilo", después de la apuesta que hice con el Capitán del Equipo de Francia de la COPA DAVIS. Me prometió una maleta en piel de cocodrilo si ganaba un encuentro importante para nuestro equipo. El público americano retuvo este sobrenombre que subrayaba la tenacidad que me caracterizaba en las pistas, ¡sin soltar nunca a mi presa! Mi amigo Robert George me dibujó entonces un cocodrilo que fue bordado en la chaqueta que yo llevaba en las pistas'.

Una de las espectadoras más asiduas de estos encuentros de COPA DAVIS no era nada menos que la ganadora del Open de Golf de Gran Bretaña, Simone THION de la CHAUME, quien se convertiría en la esposa de René LACOSTE.

En 1933, René LACOSTE y André GILLIER, propietario y Presidente de la empresa francesa más importante en géneros de punto de la época, fundaron una sociedad para comercializar la camisa bordada de un logotipo que el campeón había creado para su propio uso en las pistas, así como otros modelos de camisas diseñadas para el tenis, el golf y el mar, como lo atestigua el primer catálogo editado en 1933.
Era la primera vez que una marca era visible en la parte exterior de una prenda, una idea que, desde entonces, ha hecho camino.
En aquel entonces, esa camisa causó inmediatamente una revolución entre los jugadores de tenis que solían llevar en las pistas camisas urbanas clásicas, de tela, con mangas largas.La primera camisa LACOSTE era blanca, ligeramente más corta que las de su época, con mangas cortas y cuello de canalé. Su tejido, de punto ligero y aireado, no era otro sino el punto "pequeño piqué". Sus cualidades de confort y solidez se encuentran hoy en toda su integridad y hacen de esta prenda un producto diferente y único.

Adidas & Puma: Dos marcas de una sola Familia.

Se enzarzaron toda su vida en una batalla comercial sin escrúpulos que se extendió a sus hijos y nietos. Adolf (Adidas) y Rudolf Dassler (Puma) crearon dos emporios de calzado deportivo y patrocinaron a las mejores estrellas del siglo XX. La periodista Barbara Smit reconstruye en un libro la historia de esta saga alemana que llevó a sus empresas a la cima movida por el odio.

En esta historia el lema olímpico del barón de Coubertin –ese que aseguraba que lo importante era concurrir– es un brindis al sol. Y la proverbial fraternidad que se han de profesar dos hermanos, una pantomima sentimental. Ni atisbo de deportividad ni de amor familiar y sí grandes dosis de mercantilismo cainita, bajeza moral y traición. Los hermanos alemanes Adolf y Rudolf Dassler, que hace casi 60 años crearon respectivamente las marcas de material deportivo Adidas y Puma, se odiaron hasta lo inhumano por culpa de una brutal competencia comercial. Recurrieron a los más turbios tejemanejes, a métodos mafiosos y triquiñuelas de arrabal para descabalgar al rival y colocar a sus compañías en la cumbre. Combatieron juntos en el frente belga durante la Gran Guerra; el resto de sus vidas personificarían el goyesco cuadro Duelo a garrotazos en versión bávara y con deportivas en los pies.

Con idéntica saña se comportó su descendencia, hijos y nietos que heredaron el negocio y la rivalidad, perpetuando una contienda doméstica que aún colea. Lo cuenta pormenorizadamente la periodista holandesa Barbara Smit en el libro Hermanos de sangre (LID Editorial). La obra –una mirada afilada y retrospectiva que indaga en el origen del deporte como espectáculo de masas, patrocinio de sus grandes figuras y negocio mundial sin escrúpulos– husmea en archivos, federaciones y vidas secundarias. Analiza la trastienda de dos marcas míticas que facturan miles de millones de euros al año (10.000 en el caso de Adidas; 2.300 para Puma) y que hoy en día cuentan con enjambres de jóvenes consumidores que se personifican con sus ídolos a través de un atuendo que los estilistas llaman casual.

Desde las medallas berlinesas de Jesse Owens hasta los quiebros del blaugrana Lionel Messi, Smit traza una desconocida historiografía del deporte y su inmenso poder para generar toneladas de dinero, un folletín de despachos y vestuarios sin un ápice de misericordia. Sin embargo, como en las épicas tragedias, el relato arranca plácidamente. Lo hace en Herzogenaurach, un tranquilo rincón de Baviera, Alemania.

El calendario señalaba 1926. En el interior de la «Gerbüder Dassler Schuhfabrik» los hermanos Adolf y Rudolf confeccionan zapatillas y pantuflas sin marca. También calzado con clavos para los pocos temerarios que se dedican a eso de correr al aire libre. Buena calidad en los materiales, sabia manufactura, resistencia extrema… Las bondades del calzado Dassler llegaron a oídos de Josef Waitzer, entrenador del equipo alemán de atletismo. Con Adolf (más conocido como Adi) en el papel de artista introvertido, y Rudolf como dicharachero relaciones públicas, la pareja no tardó en colar sus productos en la villa olímpica en los Juegos de Berlín de 1936. Además, el advenimiento del nazismo supuso una inyección económica, contemplando el deporte como el espejo perfecto para mostrar al mundo la perfección aria. Pero fueron los Juegos de Jesse Owens. Para disgusto de Hitler y su cineasta de cabecera Leni Riefensthal, el atleta negro se colgó al cuello la gloria dorada cuatro veces por delante de muchachos rubios y de mirada azul. La proeza contenía un secreto: Jesse calzaba unas zapatillas de clavos obra de Adi Dassler. La compañía comenzaba a despegar de la mano –y los pies– de un liviano muchachito de Alabama.